miércoles

ENFOCANDONOS HACIA ADENTRO


Para poder conquistar el afuera, primero, tenemos que buscar hacia adentro.




El 33.º día de la cuenta del Omer es un día muy especial en el calendario judío. Se lo denomina “Lag BaOmer”, que es el día que señala el fallecimiento del gran místico y sabio talmúdico, Rabí Shimon Bar Iojai. Este rabino y kabalista del siglo ii pidió que su fallecimiento y posterior ceremonia se conmemorara con gran alegría y celebración.
Una de las tantas tradiciones de Lag BaOmer es que los niños vayan de excursión y jueguen con arcos y flechas. Si nos fijamos bien, detrás de dicha costumbre se oculta una importantísima lección de vida.
Para usar en forma efectiva el arco y la flecha, el arquero debe, primero, acercar el arco hacia sí. Una vez que el arco está tirado hacia atrás lo más posible, se puede liberar la flecha con gran fuerza y con suerte esta dará en el blanco con rapidez y precisión.
Esta lección es muy simple y aun así muy efectiva. A fin de poder conquistar y ejercer influencia en el mundo que nos rodea, primero, tenemos que movernos hacia adentro. Recién cuando miramos dentro de nuestra propia alma y tomamos conciencia del increíble potencial que contiene, recién entonces somos capaces de influir en los demás.
Una vez dijo el Rebe de Kotzk: “Cuando yo era joven, pensaba que iba a cambiar el mundo. Primero, decidí que iba a centrarme en mi ciudad. Después, me concentré en mi familia. Pero ahora, he tomado la decisión de intentar un cambio, por lo menos, en mí mismo”. No creo que el Rebe de Kotzk haya querido decir que solamente iba a trabajar en sí mismo e ignorar a los demás. Al fin y al cabo, él lideró una gran comunidad y fue responsable de miles de seguidores. Lo que él estaba diciendo era que la única forma efectiva de cambiar a los demás es empezando por uno mismo.
Mejorar nuestro carácter y nuestra personalidad es algo que está bajo nuestro control. Podemos elegir progresar o quedarnos estancados, enojarnos o conservar la calma, dar o negarnos a dar. No podemos controlar a los demás, pero podemos influenciarlos cuando miramos dentro de nosotros mismos. Al cambiar nosotros, ellos también van a cambiar.

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Para poder conquistar el afuera, primero, tenemos que buscar hacia adentro.




El 33.º día de la cuenta del Omer es un día muy especial en el calendario judío. Se lo denomina “Lag BaOmer”, que es el día que señala el fallecimiento del gran místico y sabio talmúdico, Rabí Shimon Bar Iojai. Este rabino y kabalista del siglo ii pidió que su fallecimiento y posterior ceremonia se conmemorara con gran alegría y celebración.
Una de las tantas tradiciones de Lag BaOmer es que los niños vayan de excursión y jueguen con arcos y flechas. Si nos fijamos bien, detrás de dicha costumbre se oculta una importantísima lección de vida.
Para usar en forma efectiva el arco y la flecha, el arquero debe, primero, acercar el arco hacia sí. Una vez que el arco está tirado hacia atrás lo más posible, se puede liberar la flecha con gran fuerza y con suerte esta dará en el blanco con rapidez y precisión.
Esta lección es muy simple y aun así muy efectiva. A fin de poder conquistar y ejercer influencia en el mundo que nos rodea, primero, tenemos que movernos hacia adentro. Recién cuando miramos dentro de nuestra propia alma y tomamos conciencia del increíble potencial que contiene, recién entonces somos capaces de influir en los demás.
Una vez dijo el Rebe de Kotzk: “Cuando yo era joven, pensaba que iba a cambiar el mundo. Primero, decidí que iba a centrarme en mi ciudad. Después, me concentré en mi familia. Pero ahora, he tomado la decisión de intentar un cambio, por lo menos, en mí mismo”. No creo que el Rebe de Kotzk haya querido decir que solamente iba a trabajar en sí mismo e ignorar a los demás. Al fin y al cabo, él lideró una gran comunidad y fue responsable de miles de seguidores. Lo que él estaba diciendo era que la única forma efectiva de cambiar a los demás es empezando por uno mismo.
Mejorar nuestro carácter y nuestra personalidad es algo que está bajo nuestro control. Podemos elegir progresar o quedarnos estancados, enojarnos o conservar la calma, dar o negarnos a dar. No podemos controlar a los demás, pero podemos influenciarlos cuando miramos dentro de nosotros mismos. Al cambiar nosotros, ellos también van a cambiar.

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